Espacios Naturales

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Sierra de Santa Cruz

La Sierra de Santa Cruz incluye la mayor altitud de la comarca, el pico Berrocal que con sus 1.436 m cierra esta alineación montañosa en su extremo sureste.
Esta alargada serranía queda dividida por el Puerto de Used al que se puede acceder por carretera desde las localidades de Atea y Used. Hacia el oeste se prolonga a través de la Sierra de Pardos ya dentro de la vecina comarca de la Comunidad de Calatayud. Toda su superficie aparece englobada dentro de dos LIC (Lugar de Interés Comunitario) pertenecientes a la Red Natura 2000.

La base geológica sobre la que se asienta, de naturaleza cuarcítica o pizarrosa y de gran dureza, da lugar a amplias extensiones de roca desnuda sin apenas alteración y con gran interés paisajístico. Su relieve, muy plegado y fracturado, ha sido fuertemente modificado por una serie de estrechos barrancos que fueron marcando fuertes incisiones lineales en el terreno.

En la parte media y baja de sus laderas se sitúan bosques de encinas en mosaico con matorral mediterráneo compuesto por especies acidófilas. En algunos sectores, estas laderas se han repoblado con pino rodeno. A mayor altura se pueden encontrar manchas de quejigales que en la cara norte se ven sustituidas por rebollares extensos a veces mezclados con algunos quejigos. Junto a las formaciones arbóreas se desarrolla asimismo un matorral mediterráneo muy diverso formado por brezales con aliaga, tomillares mixtos con pastizales estacionales, lastonares, jaras o "estepas", brecinas, etc.

En cuanto a la flora existente destaca la presencia de Centaurea pinnata, una pequeña planta endémica del Sistema Ibérico aragonés. Esta planta está considerada prioritaria en la Directiva de Hábitats, ha sido incluida en el Catálogo de Especies Amenazadas de Aragón y tiene en esta serranía el límite meridional de su área de extensión conocida.

A nivel faunístico, la Sierra de Santa Cruz es bien conocida por ser puerta de entrada habitual de las aves migratorias a la laguna de Gallocanta.

Pinsapar de Orcajo

En una de las laderas de la sierra de Santa Cruz, dentro del término municipal de Orcajo, se esconde una verdadera rareza natural consistente en un bosque de pinsapos a más de 500 km de distancia al norte de su localización natural. El pinsapo, también conocido como abeto andaluz, ocupa en la actualidad únicamente las sierras de las Nieves, Ronda y Grazalema en Andalucía aunque llegó a poblar el resto de Europa cuando los hielos ocupaban gran parte de su superficie. Es muy usado en jardinería debido a su belleza estética y en su hábitat original puede llegar a alcanzar más de 25 m de altura.

El pinsapar de Orcajo forma parte de una repoblación realizada en el monte "Fuentes del Villar" a base de diversas especies de coníferas, y es fruto de la audaz y acertada actividad forestal que llevó a cabo a comienzos del siglo XX el ingeniero de montes García Cañada. Este ingeniero dedicó más de dos décadas a la tarea de evitar los graves perjuicios que las fuertes tormentas ocasionaban en tierras y pueblos de la zona debido al alto grado de deforestación del territorio. Además de levantar numerosos y eficientes diques que contienen la acción erosiva del agua de escorrentía, dirigió la plantación de extensas repoblaciones de pinos que han adquirido un gran porte hasta quedar perfectamente integrados en el paisaje.

Rodeado de otras especies más comunes de coníferas, en una extensión no mayor de 15 hectáreas, este pinsapar ha acabado por arraigarse en una zona con la mitad de precipitaciones que las propias de su hábitat natural. Aunque su plantación se realizó de modo experimental, la orientación norte de la ladera, su altitud de unos 1.200 m así como su fuerte pendiente hizo posible la correcta integración de esta especie de abeto de elegante porte y fácilmente distinguible por sus acículas dispuestas radialmente en las ramillas.

Caminando por el interior del pinsapar no será raro que nos asalte la impresión de estar atravesando un típico bosque de coníferas de los países nórdicos. Tampoco resultará infrecuente avistar águila real o escuchar el ulular del cárabo al anochecer.

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Laguna de Guialguerrero

Esta pequeña pero peculiar laguna resulta accesible tanto desde Cubel como desde Used. Se trata de un humedal que no alcanza las 10 hectáreas y que cuenta con manantial propio por lo que, aunque también resulta afectado por las sequías prolongadas, suele mantener su lámina de agua incluso cuando el resto de las lagunas de la comarca se encuentran secas debido a la ausencia continuada de precipitaciones. Es por ello que presenta una importancia ecológica especial durante los periodos en los que llega a secarse la propia Laguna de Gallocanta.

Aparece rodeada por un cinturón de carrizales, aneas y junqueras que alcanzan densidad suficiente para proporcionar refugio a una diversa avifauna acuática con especies como la focha, el somormujo lavanco, los zampullines cuellinegro y chico o el aguilucho lagunero. En la invernada acoge otras aves acuáticas como porrones y diversos ánades.

Tradicionalmente ha albergado también una interesante población de tenca, pez ibérico autóctono cuya presencia resulta buen indicador del estado de conservación general del humedal.

En su entorno no resulta difícil ver algunas parejas de avutarda y de aguilucho cenizo que fabrican su nido entre las cañas de los trigos.
Muy cercana se encuentra una antigua ermita a la que se acude en romería el último domingo de agosto y que parece testimoniar la presencia de un antiguo poblado medieval llamado Villarguerrero que pudo aprovechar la cercanía de la balsa de agua dulce.

La romería tiene lugar el último domingo de agosto (antiguamente era el 8 de mayo y conllevaba la representación de un "dance" en honor de la Virgen de Guialguerrero) cuando los vecinos de Aldehuela de Liestos, Torralba de los Frailes, Used, Pardos y Abanto acuden a reunirse para celebrar sus lazos comunes en torno a una laguna natural de alto valor, por tanto, tanto natural como cultural.

Es un lugar muy apropiado para la observación de avifauna por sus dimensiones modestas y por la proximidad con que pueden avistarse las aves.Hoces del Río Piedra

De fácil acceso desde Torralba de los Frailes o Aldehuela de Liestos, el desfiladero por el que discurre el río Piedra será seguro un sorprendente descubrimiento al constituir una verdadera isla de biodiversidad gracias a la riqueza de su vegetación, a su fauna de ribera y a la propia de los cortados rocosos. Y todo ello aún contando con que la presencia de agua corriente en el fondo de su cauce depende mucho del régimen de precipitaciones puntual de cada año.
Su ubicación se localiza en el extremo occidental de la comarca, ya casi en el límite con la comunidad castellano-manchega, por cuya provincia de Guadalajara se prolongan las sierras mesozoicas calizas en las que se encajan las hoces.

Su particular paisaje consiste en un estrecho cañón excavado por el río Piedra y que queda limitado por unos altos paredones verticales con abundante fauna rupícola como buitre leonado o chova piquirroja. Entre sus formaciones vegetales más representativas cabe nombrar los bosques de encinas, que se combinan con matorral mediterráneo cuyos integrantes pueden llegar a tomar formas arbustivas como en el caso de la sabina negral, y los quejigales que van siguiendo el cauce del río y acaparan las zonas más húmedas. Las repoblaciones forestales de coníferas, sobre todo de pino laricio, ocupan también pequeños sectores.
Cuenta con un recorrido señalizado de trazado circular de dificultad media que puede recorrerse todo el año aunque es especialmente recomendable en otoño por el extraordinario mosaico de colores que conforma su vegetación. Únicamente habrá que tener precaución en caso de fuertes lluvias ya que en ese caso pueden quedar impracticables los cruces del cauce del río.

Durante este recorrido se pasará junto a algunas muestras de antiguos aprovechamientos del entorno como el original abejar agazapado en una ladera o los restos del molino hidráulico que recibía las aguas de un cercano azud, y que se sitúa a los pies de una curiosa mole de piedra suspendida en el aire.

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Laguna de La Zaida

Con sus 170 hectáreas de extensión, es la mayor de las lagunas secundarias de la cuenca endorreica de Gallocanta que recoge las aguas provenientes de una gran zona sin salida hacia el mar. Dentro de ella, la Laguna de la Zaida se alimenta principalmente de los arroyos que descienden desde los montes de Santa Cruz y, al contrario de la Laguna de Gallocanta, sus aguas son dulces.

Surgida, lo mismo que la otra gran laguna de la cuenca, por un proceso de karstificación hace unos dos millones de años, ocupa una depresión circular de unos 2 km de diámetro y 1 m de profundidad.

La particularidad de esta laguna estriba en el hecho de que entre los siglos XVI y XVII se construyó un presa denominada La Parada, de poca altura pero de casi 1 km de longitud, que desde entonces permite desviar a discreción las aguas que alimentan la laguna, a través de la llamada Acequia Nueva, hasta la laguna de Gallocanta.

Gracias al uso de esta antigua construcción se alternan los años en los que el terreno natural de la laguna queda inundado con los que se dedica a la explotación agrícola. Es por esto que su producción aumenta considerablemente gracias a la mayor fertilidad del suelo conseguida con su periódico abono natural cada dos años.

Hay que destacar, además, que la propiedad de esta finca es colectiva y que su uso se regenta a través de la "Junta de la Zaida" gracias a lo cual sus beneficios se aprovechan para que sirvan de ayuda a las personas de mayor edad de la localidad de Used.

En el entorno de la laguna son numerosas las pequeñas construcciones ligadas a la necesidad de conseguir y mantener pequeñas cantidades de agua en un ambiente estepario y con clima continental. Estas construcciones son balsetes (denominados localmente "navajos"), pozos de poca profundidad que acceden al nivel freático subterráneo, y aljibes que recogen y resguardan el agua de lluvia y de escorrentía. Muchos de ellos suelen estar en relación con el ancestral uso ganadero del territorio por lo que no quedan lejos de algún corral de ganado o "paridera".

Laguna de Gallocanta

La Laguna de Gallocanta ocupa el fondo de una cuenca cerrada sin salida hacia el mar de unos 500 km2 a casi 1.000 m de altitud, por lo que constituye un verdadera laguna salada en una zona de montaña. Presenta notables dimensiones, alcanzando los 7,5 km de longitud y una anchura de 2,5 km. Se nutre de pequeños arroyos y agua de escorrentía pero también cuenta con aportes provenientes del agua subterránea que afloran en pequeños "ojos" de gran interés por la diversidad de condiciones ecológicas que provocan al mezclar el agua templada y dulce del acuífero con el agua fría y salada de la laguna.

Está incluida en la lista de humedales de importancia internacional del Convenio RAMSAR, y aparece dividida entre las provincias de Zaragoza y Teruel así como entre las comarcas de Campo de Daroca y Jiloca.

Su componente más distintivo son las aves con una nutrida nómina compuesta por numerosas anátidas y limícolas pero también otras especies de gran interés como cigüeña negra, águila real, alcaraván o avutarda (desde primavera y hasta octubre).

Su icono más emblemático son las grullas que utilizan la laguna como área de descanso durante sus viajes migratorios anuales entre la segunda mitad de octubre y la primera quincena de marzo. Se han documentado hasta 65.000 ejemplares de paso y unos 10.000 ejemplares invernantes. Una escena que no debe perderse ningún visitante de la zona es la de los bandos de grullas llegando a sus dormideros junto a la laguna al atardecer procedentes de los campos de la comarca.

Cuenta asimismo con endemismos vegetales acuáticos y propios de praderas salinas que se combinan con algunas especies propias de la lejana región de Anatolia. Más hacia el interior de la laguna, y por lo tanto más expuestas a las inundaciones temporales, se localizan otras especies igualmente interesantes por su extrema adaptación a los suelos salinos.
En Gallocanta, el Centro de Interpretación de La Laguna es visita obligada para hacerse una visión global y didáctica del espacio natural.

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Yacimiento paleontológico de Murero

La Rambla de Valdemiedes, cercana a la localidad de Murero, constituye un inigualable testimonio del fondo del mar que hace 500 millones de años cubría la zona con muestras fósiles de multitud de organismos animales.

La continua erosión que ha experimentado esta zona del valle del Jiloca ha hecho posible que salieran a la luz los estratos rocosos del periodo Cámbrico. En estos afloramientos de rocas, de las más antiguas que se conocen en Aragón, destacan las abundantes muestras fosilizadas de casi 80 especies diferentes descritas de trilobites, de las que 20 son consideradas únicas. Los trilobites fueron artrópodos de cuerpo aplanado, liso y con forma más o menos oval, provistos de caparazón exterior. Se extinguieron totalmente a finales del Cámbrico aunque se tienen por predecesores de los arácnidos actuales.

Este yacimiento conserva una secuencia estratigráfica-paleontológica de 200 m de altura, por lo que constituye uno de los registros más continuos y completos del periodo paleozoico, lo que permite calificarlo como referencia a nivel mundial en el estudio y conocimiento de la evolución de la vida en nuestro planeta, con señales de la primera gran extinción de especies conocida en la Tierra.

Aunque se tiene conocimiento de su existencia desde al menos el año 1862, fue durante el último cuarto del siglo XX cuando comenzaron de manera sistemática los trabajos de investigación y, a partir de ellos, fue posible ir vinculando los hallazgos obtenidos con los terrenos de fósiles más antiguos conocidos hasta ese momento en Europa.

Ha sido declarado Bien de Interés Cultural (siendo el primer yacimiento paleontológico que obtuvo este reconocimiento en toda España) y Punto de Interés Geológico por el Gobierno de Aragón. Cuenta con una ruta señalizada provista de paneles informativos que permite al público visitante acercarse al importante valor cultural y científico del pasado geológico de este rincón de la comarca de Campo de Daroca.

Aguallueve de Anento

El cruce del valle del Jiloca con el acuífero del Campo de Romanos ofrece como resultado un conjunto de manantiales entre los que destaca el Aguallueve de Anento. "Aguallueve" es el nombre popular que recibe un manantial que nace entre materiales calizos, de caudal constante y que da lugar a un curioso paisaje de columnas y oquedades típicas de los entornos kársticos.

En su entorno se ha ido formando un pequeño microclima en el que la elevada humedad ambiental ha permitido la presencia de musgos, helechos, mentas, juncos y abundante arbolado higrófilo (nogales, sauces, chopos cabeceros, olmos, fresnos y álamos) que con su frescura y verdor contrasta con el ambiente estepario de su inmediato entorno.

El agua que circula por el interior de la roca está cargada de sales cálcicas en disolución por lo que cuando emerge a la superficie y entra en contacto con el aire exterior se producen una serie de trasformaciones químicas que provocan la precipitación del carbonato cálcico presente en el agua. Esta precipitación muchas veces se produce sobre la propia vegetación higrófila, envolviéndola y dando lugar a un tipo especial de roca muy ligera denominada toba.

Este ambiente excepcional contribuye a la presencia de una abundante y variada fauna compuesta por oropéndola, torcecuello, jineta, lagartija colilarga, culebra de escalera y multitud de pajarillos como zarceros, carriceros, verdecillos, currucas, mitos, chochines, colirrojos...
Los numerosos manantiales que surgen por la zona son recogidos en pequeñas acequias que conducen el agua para el riego de los huertos situados en las cercanías del pueblo así como para alimentar la balsa de un antiguo molino ya en ruinas. Desde la balsa es posible acceder asimismo por un sendero hasta los restos del torreón celtíbero de San Cristóbal.
Para llegar hasta el Aguallueve basta con partir desde el parque de Anento, pasar por las calles Valencia Soler y Acequia Nueva, y continuar entre los huertos por un camino bien señalizado.

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Hoces del río Huerva

Las escasas pero irregulares precipitaciones que registra la cuenca del río Huerva, o La Huerva como se le llama en estas tierras, pueden llegar a provocar grandes avenidas, especialmente en los meses de noviembre-diciembre y mayo-junio, que los ribereños conocen como "huervadas".
A partir de Villarreal, la Huerva ha de abrirse paso entre duros paredones calizos por lo que cambia bruscamente su rumbo hacia el Este. En este tramo, a la altura de Cerveruela, el río se encajona entre altas paredes verticales trazando un recorrido irregular entre meandros encajados y franjas de huerta algo más extensas, ocultándose de vez en cuando bajo la sombra de frescos bosques de ribera y volviendo a aparecer en la claridad de amplios páramos solitarios.
En el Campo de Daroca, ésta es una de las zonas que mejor conserva las curiosas alienaciones de chopos cabeceros junto al río. "Chopo cabecero" es el nombre popular que recibe el chopo negro tras ser sometido a una escamonda periódica para obtener madera, combustible y forraje. En la actualidad, diversas iniciativas están intentando revalorizar este patrimonio natural y antrópico, rentabilizando su gestión tradicional y garantizando su supervivencia.

Varias especies de murciélagos de herradura escogen asimismo los roquedos ribereños como lugar de refugio aunque el grupo faunístico más destacado es la avifauna con presencia de paseriformes (collalba negra, curruca rabilarga), rapaces (halcón peregrino, águila real, águila culebrera) y buitres. Entre las aguas del río también se tiene constancia de la existencia de madrillas, bermejuelas y una de las pocas poblaciones supervivientes del amenazado cangrejo de río autóctono.
Después de atravesar el municipio de Vistabella, la Huerva vuelve a entrar en el Campo de Daroca por el término de Herrera de los Navarros dando forma a un paisaje tan espectacular como desconocido. Para acceder a este espacio natural es posible tomar desde la propia localidad de Herrera un sendero de pequeño recorrido denominado PR Hoces del Huerva.

Sierra Modorra

Al Norte de Torralbilla se extiende esta serranía como fragmento o continuación de la llamada Sierra de Vicort que separa los valles de los ríos Grío al noreste y Perejiles al suroeste. Esta sierra en concreto sirve de límite entre las comarcas de Campo de Daroca, Campo de Cariñena y Comunidad de Calatayud.
Su mayor altura es el Pico de Langa con 1.302 m de altitud pero presenta asimismo otras tres cumbres que superan los 1.200 m formadas por crestas cuarcíticas de gran dureza y por ello difícilmente erosionables. En su vertiente sur alcanzan cierto desarrollo algunas zonas de piedemonte.

Su paisaje vegetal típico son los bosques de encina o carrasca combinados con extensas superficies de pino rodeno y, en vertientes septentrionales, algunas manchas de quejigo. Junto a las formaciones arbóreas se desarrolla un mosaico de matorral mediterráneo muy diverso formado por brezales con aliaga, tomillares, pastizales estacionales, lastonares, brecina o "biércol", etc.

Destaca la presencia de Centaurea pinnata, una pequeña planta en peligro de extinción. En los pequeños navajos o balsetes localizados en las suaves laderas que descienden de la sierra pueden encontrarse igualmente interesantes plantas acuáticas con una distribución muy limitada en Aragón.
Las principales actividades desarrolladas en la zona han sido el pastoreo así como, en menor medida, el aprovechamiento del monte y la caza.

Hasta hace pocas décadas, los bosques de esta sierra suponían un importante recurso para los habitantes de la zona al proporcionar la leña necesaria para tareas cotidianas como calentar el hogar y preparar la comida. También se empleaba esta leña para una cuantiosa fabricación de carbón vegetal. Debido a ello, la gestión tradicional de estos espacios forestales estaba rígidamente establecida a través de diversas medidas como por ejemplo la obligación de respetar un periodo de rotación de 18 años que permitía a cada zona del monte disponer del tiempo suficiente para regenerarse antes de la siguiente poda.

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Valle del Jiloca

Poco antes de entrar en la comarca de Campo de Daroca, el valle del río Jiloca cambia de aspecto para pasar a circular encajado entre sierras, formando un valle disimétrico de reducidas dimensiones. Este valle queda limitado en su margen izquierda por las alineaciones montañosas de las sierras de Valdellosa y Santa Cruz, y por la derecha por el pronunciado escarpe que une el valle con el páramo del Campo de Romanos. A lo largo de los tiempos, el río Jiloca se ha ido encajado sobre esta topografía desarrollando en la margen izquierda, junto a las sierras citadas, un complejo de terrazas de cierta entidad.

A sus orillas se conserva una importante vegetación ribereña formada por bosques de galería, mientras que su caudal se ha aprovechado de manera tradicional para el riego de los campos cercanos, desviando el agua a través de azudes y acequias, así como para mover numerosos ingenios hidráulicos.

Entre Manchones y Murero, el Jiloca ofrece uno de sus tramos mejor conservados en todo su trazado, formando un estrecho valle con cultivos y frutales situado entre laderas pobladas por pinares de repoblación y carrascales. Junto al cauce se conserva un buen bosque de ribera formado principalmente por chopos, olmos, fresnos y sauces. De igual manera la calidad de sus aguas registra valores muy altos hasta el punto de contar con la posible presencia de nutria, notable bioindicador de espacios fluviales de gran calidad ambiental.

El papel ecológico del río Jiloca se hace en esta zona muy evidente gracias a su poder depurador. También sus remansos y sotos umbríos colaboran en que se refresque el agua y el ambiente, disminuya la acción erosiva de las avenidas y el nivel freático de las aguas subterráneas se mantenga en un nivel adecuado.

Sierra de Valdelacasa

Se puede acceder fácilmente a la Sierra de Valdelacasa, que sirve de límite entre las comarcas de Campo de Daroca y Jiloca, desde las localidades de Gallocanta o Berrueco.

Su altitud supera en todo momento los 1.100 m sobre el nivel del mar llegando a alcanzar los 1.395 m en su cima más alta.
El origen de esta sierra se encuentra en los movimientos tectónicos producidos a modo de reacción a partir de la creación de la cercana fosa del Jiloca. Estos relieves prominentes posteriormente fueron erosionados, dando lugar a la aparición de un complejo sistema de glacis y ramblas. A pesar de ello, las formas que presenta en la actualidad están todavía muy relacionadas con la naturaleza silícea del sustrato geológico ya que se compone en última instancia de alineaciones de edad paleozoica formadas por cuarcitas y pizarras muy resistentes.

Las formaciones vegetales principales que se desarrollan en sus laderas son bosques de encinas y quejigos, frecuentemente mezclados y asociados a cierto desarrollo de sotobosques ricos en jara y con algunos reductos de melojo o rebollo. En las zonas más deterioradas o con menor potencia de suelo fértil domina la brecina o "biércol". El biércol es un tipo de arbusto de media altura y de ramaje cerrado que crece sobre suelos rocosos y degradados ocupados anteriormente por bosques de robles. Es una planta con hojas muy pequeñas y algo endurecidas. Sus flores se agrupan en racimos y tienen los pétalos unidos en una corola de color rosado.

Algunas repoblaciones forestales de pino laricio y pino resinero se combinan en ocasiones con encinas y robles autóctonos y con un mosaico general de matorral mediterráneo.
Estos bosques serranos, con formaciones quercíneas bien conservadas, cumplen un importante papel en la regulación de los aportes hídricos de la laguna de Gallocanta.

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Sierra del Peco

Al este de Villarreal de Huerva y al sur de Cerveruela se extiende la Sierra del Peco que tiene su mayor altitud en el Pico de San Bartolomé a 1.220 m de altitud.
Forma parte de los macizos paleozoicos de la Ibérica zaragozana en los que son habituales los afloramientos de cuarcitas y pizarras que, por su diferente resistencia, conforman un relieve en el que se alternan las elevaciones formadas por las durísimas cuarcitas con las vaguadas en las zonas donde afloran las pizarras.

El paisaje propio de esta sierra es el de frondosos carrascales en cuyos márgenes y claros se desarrollan algunas formaciones arbustivas constituidas por "estepas" o jaras. En el interior de estos carrascales se llega a formar un microclima que favorece la presencia de plantas propias de ambientes sombreados y húmedos como los helechos que colonizan las fisuras de las rocas.

Una de las especies vegetales más llamativas de esta sierra es el arce de Montpellier conocido en la zona como "acere". Es un árbol de pequeño tamaño que aparece disperso en las manchas de rebollares y marojales. Suele pasar casi inadvertido hasta que en la estación otoñal sus hojas adquieren un llamativo color entre rojizo y amarillo.

Hasta hace pocas décadas, estos bosques suponían una fuente de valiosos recursos tanto por la extracción de leña como por acoger ciertas actividades tradicionales. No es raro por tanto encontrar en sus faldas algunos viejos edificios dedicados a acoger rebaños de ovejas, denominados "parideras", o también abejares cuyo frente aparece perforado por numerosos orificios o "piqueras" que servían de entrada y salida a las abejas. También era habitual la cocción de leña para su trasformación en carbón vegetal en las llamadas "caleras".
Por todo ello, se mantuvo durante siglos un rígido sistema de gestión del espacio forestal a partir de su división en zonas de superficie similar en las que solo se podía cortar leña cada 14 años para asegurar su regeneración natural o, como diríamos ahora, su sostenibilidad.

Sierra de la Pajaranca

Como continuación o ramal secundario de la Sierra del Peco, la pequeña y coqueta Sierra de la Pajaranca se extiende entre las localidades de Luesma y Fombuena, localidad esta última desde la que resulta fácil su acceso. Su máxima altura son los 1.233 m de altitud de su cumbre.
Por sus laderas se extiende una de las mejores muestras de los bosques de encinas del Sistema Ibérico, formando parte de la que puede considerarse la masa de encinar prácticamente continua más extensa de la provincia de Zaragoza.

En zonas de umbría y si la disponibilidad del suelo lo permite aparecen enebros, quejigos, melojos, brezos o aligustres. También es posible observar algunos líquenes sobre los troncos de los árboles.

En el entorno de la sierra abundan los restos de construcciones tradicionales como corrales para el ganado y abejares. Estos abejares responden a un modelo particular en el que las colmenas se situaban en el interior de las paredes de la fachada de la construcción, dejando un pasillo libre posterior para que el apicultor desarrollase su actividad. En esta zona abunda igualmente el "biércol" o brecina, un arbusto de pequeñas flores blanco rosadas que producen un néctar muy buscado por las abejas y que da lugar a una miel de característico aspecto espeso y oscuro.

El límite oriental de la sierra lo marca el Arroyo de la Val que poco más adelante vierte sus aguas en el río Huerva. En este arroyo tiene lugar un particular sistema geoquímico producido por las singularidad química de sus aguas. El fondo del arroyo aparece tapizado de unas manchas blanquecinas resultado de unas precipitaciones minerales cuyo origen se encuentra en el lavado que el agua corriente produce en las rocas paleozoicas del sustrato como pizarras, arenas ferruginosas y cuarcitas.
También en el extremo sureste de la sierra, en el llamado Barranco del Hocino, se pueden contemplar los restos de escombreras y construcciones de unas antiguas minas de cobre ya abandonadas.

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Sierra de Herrera

El extremo oriental de la comarca aparece presidido por esta sierra en cuya cima se sitúa el Santuario de la Virgen de Herrera que cuenta con hospedería, bar y zona de recreo, a 1.349 m de altitud. Hasta este santuario se puede ascender a través de senderos señalizados desde Herrera o Luesma, de unas 2 horas de duración, o por el camino asfaltado en buen estado que parte de las dos localidades ya citadas.

En la base de la colina se extiende la vegetación natural de la zona formada por encinas y un sotobosque de cantueso, brezo y romeros con una suave alfombra de gayuba en algunas zonas. En primavera aparecerá también alguna orquídea y en otoño hongos y setas como el rebollón (Lactarius deliciosus) y la oronja (Amanita cesarea).

Durante el ascenso, buena parte de la ladera está ocupada por un pinar de repoblación de pino rodeno con algunos ejemplares de pino negral. En su interior puede distinguirse asimismo el afloramiento de rocas cuarcitas de tonalidades blancas aunque casi cubiertas de varias especies de líquenes. También encontraremos algunas plantas denominadas saxífragas (del latín saxum o piedra y frangere o romper) que reciben su nombre de su capacidad para instalarse en las fisuras de los roquedos.

Recorriendo su entorno y con un poco de atención podremos localizar diferentes pajarillos propios del pinar como el pinzón vulgar, el carbonero garrapinos o el mosquitero papialbo. Tampoco será rara la observación del buitre leonado, del gavilán o del roquero rojo, un ave asociada a los cortados rocosos. Otras especies de aves más propias del bosque son el azor o el gavilán, algo menos abundante. En lo alto del cielo es muy posible que aparezca la silueta del águila real y, al anochecer, con un poco de paciencia distinguiremos los cantos del búho chico, el mochuelo e incluso el búho real.

Desde la zona del santuario, los días de cielo claro, la vista alcanzará amplias distancias sobre esta parte del Sistema Ibérico zaragozano hasta el Moncayo ya en la raya con Castilla o hasta los lejanos Pirineos más hacia el norte.

 

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